Omara Portuondo: singular tributo a Enriqueta Almanza
Con sus palabras de presentación al disco Omara Portuondo /Reír y cantar, la intérprete a quien hemos visto bautizada como “la novia del feeling” o “la diva del Buenavista Social Club”, parece alcanzarnos brevemente escrito, doblado y apresado en el puño de su mano, un sentido mensaje que es, a la vez, el llamado de atención hacia los valores que definen a las almas sencillas (eso fue, entre otras bondades, Enriqueta Almanza) y la consecuente, imperiosa necesidad de hacer justicia al legado que, con frecuencia, de cada una de esas almas se desprende.
En la década de los sesenta del siglo pasado, Enriqueta Almanza recibió la delicada misión de armar un lenguaje capaz de llenar de júbilo el tiempo de los niños en casa y así surgieron, entre otros modelos, aquellos cantos con letra de Celia Torriente que daban la impresión de haber sido concebidos -letra y música-por un solo autor. Un combo integrado por ingeniosos muñecos, hacía y deshacía; la tarde se volvía una delicia con las invenciones de aquella mujer capaz de manejar con gracia, sabor y propiedad, cualquier formato instrumental, cualquier modalidad de la música nuestra. Al son de Los Yoyos (si mal no recuerdo, así se llamaba el ocurrente combo) volaba el tiempo y, de paso, se colaban nuestros ritmos en el ánimo de las criaturas. Eran tiempos en que ella misma lidiaba con la crianza de su pareja de chiquillos que no la dejaban estar tranquila en la banqueta del piano por andar trepando y bajando por los muebles de la sala, animados –a todo lujo– con las primicias de las nacientes guarachas, los sones y guajiras, las cancioncillas que, luego, los engatusarían desde la pantalla su propio televisor.
Ha llovido mucho desde entonces; ya ni Enriqueta ni Celia nos acompañan; tan lejos ha quedado aquella labor en la memoria que, recientemente y al calor de este empeño de Omara Portuondo, alguien nada lejano de nuestro ambiente musical de estos tiempos, me confesó su asombro al saber que a esta pareja de autoras pertenecía Barquito de papel un clásico del cancionero infantil cubano del siglo XX. Este disco nos lo devuelve en un tono jazzeado que -les aseguro-hubiera hecho las delicias de su autora. Corren otros tiempos, soplan otros aires y la cantante enciende la chispa para descorrer ese velo torpe que la dejadez siempre tiene a mano y, con el poder de convocatoria que le caracteriza, apoyada en el joven talento musical cubano, con el concurso de nuestro movimiento coral infantil, consigue hacer visible el tesoro escondido de estos cantos que ya, como por arte de magia, comienzan, de nuevo, a brillar por aquí y por allá. Yo pienso en Enriqueta y, aunque miro para todas partes y no la veo, vuelvo a marcar el corte número 4 del disco Omara Portuondo / Reír y cantar y, al son de este Barquito de papel echado al ancho mar, nuevecito de paquete, me sumo al llamado.
Almendares, 21 de noviembre de 2011
1 Una producción del sello cubano Bis Music
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La Habana, Cuba, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elene Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.
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Que belleza de disco. Felicitaciones a la Diva del Social Club.
Querida Marta, ya te estaba extrañando.
Parece que te tomaste unas vacaciones.
Pero que bueno que estás de vuelta para seguir regalandonos tus maravillosas entregas.
Besos de mi parte y de toda la familia.
La persistencia de la memoria de Marta le cortó amarra a imborrables recuerdos. En efecto, la sala de la casa de Enriqueta vivía en estado de gracia y los mencionados muebles y las paredes testigos de aquellos dos diablillos ya mencionados y un tercero, sobrinito él, en plena erupción, mientras, desde su trono Enriqueta para aplacar un tanto el vendabal, desgranaba al piano entre muchísimo más aquel “Barquito de papel” logrando, a veces, un breve reposo. Pues es justo decir que Enriqueta era a su manera tanto un monstruo de las teclas, como una finísima artista de la conversación. Alguien picado por el bichito de la “Enriquetofilia” pudiera armar un prontuario con las frases de Enriqueta. Seguro tendría mas de un lector.
Finalmente hay que convenir con Marta en que ha llovido mucho desde entonces. No obstante, quizás lo trascendente es que cada vez al terminar cada aguacero y salir el sol, otras tripulaciones de chiquillos se empinan para colocar su “Barquito de papel y salir a navegar”. Saludos a Omara que sorprendió haciendo de capitana en esta travesía. Y gracias a ti Marta por mantener sin derivas el derrotero de tu página. Me gusta muchísimo.